A pedido del público…

Aunque decimos "el Martín Fierro" no es un solo libro sino dos, publicados con casi 7 años de diferencia. El primero, cuyo título completo es "El gaucho Martín Fierro", fue escrito en 1872 y publicado al año siguiente, en forma de folletín, en una edición bastante rústica.

El éxito del poema fue inmediato y masivo. En el primer año, 1873, vendió más de 60 mil ejemplares, un número impresionante para la época.

Aparentemente, Hernández no tenía planeada una continuación. Pero "El gaucho…" tiene un final abierto: Fierro y su amigo Cruz se adentran en la Pampa sin rumbo fijo.

Hubo entonces un reclamo generalizado al autor: ¿qué fue de Martín Fierro? Por lo tanto, en 1879, a pedido del público, llegó la segunda parte: "La vuelta de Martín Fierro".

Pero siete años no era poco para los tiempos convulsionados de la organización nacional. El país no era el mismo y José Hernández tampoco.

Trabajosamente, y tras largas luchas civiles, se va logrando la unidad del país: pronto, en 1890, llegará la federalización de Buenos Aires: la capital será de todos los argentinos.

Parecidos y diferencias entre la "ida" y la "vuelta"

El crítico literario y ensayista Noé Jitrik explica en un video del sitio Educ.ar la continuidad y la ruptura entre uno y otro libro: "Entre la ida y la vuelta hay una comunidad estilística indudable; es la misma pluma, la misma concepción poética, la misma imaginación, el mismo ingenio, la misma riqueza verbal. La diferencia es en el contenido, es decir, mientras que la primera parte del Martín Fierro era algo así como un libelo de protesta, en la segunda hay algo así como una aceptación. Pero (…) en la primera parte no hay tanto rechazo al sistema sino a ciertas injusticias que el sistema produce, y en la segunda parte pareciera admitirse que hay que entrar en las leyes del juego. Martín Fierro les dice sentenciosamente a sus hijos que hay que trabajar, que la libertad no se consigue huyendo sino aceptando".

De la queja de que "el ser gaucho es un delito" de la primera parte a "el trabajar es la ley" o "debe trabajar el hombre / para ganarse su pan; / pues la miseria, en su afán / de perseguir de mil modos, / llama en la puerta de todos / y entra en la del haragán", como aconseja Martín Fierro a sus hijos en la segunda.

De un gaucho en rebeldía contra el sistema, que debe -o prefiere- vivir en sus márgenes a uno que aprecia el nuevo orden.

Pero hay que retroceder un poco en el tiempo para entender este cambio que, bien mirado, tiene lógica. También Juan Bautista Alberdi, tras haber sido un antirrosista convencido, se alineará con la Confederación contra Buenos Aires y especialmente contra el mitrismo, defensor de la hegemonía porteña que finalmente será doblegada por Roca.

"Besé esta tierra bendita Que ya no pisa el salvaje", es un verso que deja traslucir la visión que tenía Hernández del indio y de la campaña al desierto de Roca iniciada un año antes de la salida de la segunda parte del Martín Fierro.

Un libro escrito en la clandestinidad

José Hernández es conocido esencialmente por su obra literaria. Pero el grueso de su vida la dedicó al periodismo y a la política. Cuando, después de Caseros, Buenos Aires se aísla del resto del país, él toma partido por la Confederación Argentina que lideraba Justo José de Urquiza, del que más tarde, como muchos, se sentirá totalmente decepcionado.

Jorge Abelardo Ramos define a Hernández como "antirrosista pero federal bonaerense".

Entre 1852 y 1862, al igual que Alberdi, trabaja por la organización nacional y contra la supremacía porteña. En Paraná, entonces capital de la Confederación, es taquígrafo en el Senado. Pero su combate no fue sólo de palabra: Hernández había luchado en la batalla de Cepeda (1859), en la cual es derrotado Mitre y Buenos Aires se reincorpora a la Confederación. Ya entonces surgen críticas a Urquiza por haber negociado como perdedor, pues a Buenos Aires se le exige muy poco. Y a pesar de eso, los líderes porteños vuelven a la actitud secesionista y se producirá entonces Pavón. Hernández también interviene en esta batalla que es una nueva victoria del Interior pero Urquiza se retira como si hubiese sido derrotado.

En el periódico "El Argentino" de Paraná había volcado duras críticas a Sarmiento por el asesinato del Chacho Peñaloza, cuya trayectoria defendía en textos, más tarde reunidos con el título Vida del Chacho. Lo consideraba "uno de los caudillos más prestigiosos, más generosos y valientes que ha tenido la República Argentina".

Fue crítico de la Guerra del Paraguay, como Alberdi, que la llamaba guerra de la "Triple Infamia" y simpatizó con los alzamientos de Felipe Varela y de Ricardo López Jordán.

Siendo Sarmiento presidente, los mitristas dan un golpe contra Estanislao López, entonces gobernador de Corrientes. Sarmiento interviene la provincia. José Hernández era ministro de López y se ve obligado a exiliarse en Brasil.

Al cabo de un tiempo, regresa clandestinamente a Buenos Aires para ver a su familia. Se aloja en el hotel Argentino, frente a Plaza de Mayo, en el sitio donde actualmente está el Banco Nación.

Es durante ese encierro, en una habitación con vista a la plaza, que escribe El gaucho Martín Fierro.

A su editor, le escribe: "El Estado convierte al gaucho en matrero, en delincuente, en asesino y yo me he esforzado, sin presumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personificara el carácter de nuestros gauchos, dotándolos de los juegos de la imaginación llena de imágenes y de colorido, con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen y con todos los impulsos y arrebatos, hijos de una naturaleza que la educación no ha pulido y suavizado".

El libro era más bien breve, de 80 páginas. Se agotó en dos meses. Para cuando Hernández escribió La vuelta de Martín Fierro, ya se habían publicado una decena de ediciones del primer libro.

"Siete años después Hernández había encontrado otros rumbos políticos. Había hallado su lugar en el Partido Autonomista, por el que llegó a senador, y sintió que el país estaba cambiando, que Fierro debía volver a la "civilización", dejar las tolderías y la marginalidad y aceptar el lugar que le asignaba la nueva Argentina que se acercaba al '80", escribe Felipe Pigna, en un artículo titulado El senador Martín Fierro.

Esta vez, la edición es de lujo, y la tirada de 20 mil ejemplares.

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