Desde hace 30 años que se reconoce en Naciones Unidas la necesidad de preservar nuestra Tierra, abatiendo las emisiones contaminantes provenientes de los combustibles fósiles y de la deforestación. En el acuerdo de París del año 2015 se definieron los compromisos asumidos por 200 naciones, es decir, casi todos los países del mundo.

Ya es hora de hacer un balance de lo ocurrido durante tantos años. Desde el año 1995, las emisiones de dióxido de carbono causantes del cambio climático aumentan año a año, y en 2017 eran ya un 52% superiores a las de 1995. Al mismo tiempo, el dióxido de carbono acumulado en nuestra atmósfera había aumentado un 13% y había llegado en el 2017 a 407 ppm. O sea, que las emisiones, más allá de las repetidas declaraciones internacionales de corte político, siguen creciendo. El Observatorio Climático de Mauna Loa (Hawai), de la US National Oceanic and Atmospheric Administration, nos acaba de informar que en el mes de mayo de este año las emisiones acumuladas de dióxido de carbono ya habían ascendido a 412 ppm, es decir, un 47% por encima del nivel acumulado en los años previos a la revolución industrial. Estamos al día de hoy en 412 ppm, pero recordemos que el límite crítico es muy cercano, 450 ppm, si es que queremos evitar grandes daños en toda la Tierra.

Preservar nuestra casa común exige reducir año a año las emisiones globales, pero esto no será nada fácil, porque la población y la producción mundial de bienes seguirán aumentando. Esto significa que en el 2040 el PBI mundial será más del doble que el actual, y habrá 1800 millones más de habitantes. Estamos todos en una situación de riesgo, como bien acaba de explicar y alertar la International Energy Agency, que en el mes de abril de este año informaba que la proyección energética y de emisiones de dióxido de carbono, basada en las políticas energéticas vigentes y las propuestas de compromisos de las naciones en el acuerdo de París (1995), no es compatible con el cumplimiento de este acuerdo, ya que las emisiones anuales de dióxido de carbono seguirán creciendo y llegarán a un máximo recién en el año 2040. Esto significará un aumento de la temperatura de 2,7ºC hacia fines de este siglo.

Cuidar nuestra casa exige reducir las emisiones, pero esto exige, a su vez, reducir el consumo de combustibles fósiles contaminantes. Es posible, teniendo en cuenta los acelerados progresos tecnológicos, abatir las emisiones, pero esto requiere que todas las naciones asuman con decisión este desafío global, es decir, es necesaria una firme voluntad política. Ya no queda tiempo para perder.

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